JOSE MANUEL REYES GARDUÑO
COMUNIDAD
Solo separan dos kilómetros la Cabeza de Águila en
Obraje de la que se encuentra en el centro de San Felipe del Progreso,
población que muestra un particular aspecto al haber elegido los colores
crema y naranja para pintar una buena cantidad de fachadas en todo su
centro histórico.
Y
es aquí, en San Felipe del Progreso, en donde se ha elegido la silueta
del cura Hidalgo para integrarla a su escudo, el cual, se integra al
glifo que se usa en todas las poblaciones que conforman al Estado de
México. Será bueno recordar que Don Miguel Hidalgo estando, precisamente
en Salamanca, lugar desde donde te escribo, en su segundo paso el 10 de
octubre de 1810, envía un oficio a la ciudad de León, la segunda más
rica de la Intendencia de Guanajuato, en donde da su aprobación para la fabricación de unos cañones. (Eso lo puedes consultar en la Cabeza número 17.)
Al
respecto José Sotelo, el personaje aquel que ya nos relató como fue su
entrada a Valladolid, conocido de don Miguel Hidalgo desde hacía tiempo y
que por encargo redactó sus memorias, en relación a lo sucedido aquí
nos dice:
“…en
San Felipe del Obraje nos alcanzaron las piezas de artillería hechas en
Guanajuato; iban éstas montadas en las ruedas de los coches de los
españoles; trayendo los conductores de las piezas la noticia de que
Calleja ya había pasado por Dolores y que en su compañía, contra
nosotros, el conde del Jaral. Se habilitaron de artilleros las piezas,
con los hombres que aparecieron más a propósito para esta maniobra.
Continuamos la marcha hasta Toluca sin novedad, siendo recibidos
perfectamente en los puntos que tocábamos, poniéndose todos a las
órdenes del Señor Cura y reuniéndose muchos voluntarios…” (1)
“El
padre de la patria, Miguel Hidalgo y Costilla, llegó al Estado de
México, por San Felipe del Obraje. Este pueblo lo recibió cálidamente en
la mañana de 27 de octubre de 1810 con repique de campanas, tedeum y la
entrega de dos cañones que el libertador había mandado fundir en
Guanajuato. Indudablemente que los Criollos radicados en San Felipe,
engrosaron las filas insurgentes; la tradición oral y novelesca, nos
hablan de Alberto Garduño. El Hércules Insurgente, que pelearía por la
causa al mando de los Hermanos Rayón. A pesar de esto, San Felipe fue
centro de acontecimiento de fuerzas realistas, Iturbide en octubre de
1810 Trujillo en diciembre de 1811, Calleja, que el 25 de diciembre de
1811 salió hacia Zitácuaro con 3,800 infantes e indios”. (2)
“A
su paso por la aldea de San Felipe del Obraje, Hidalgo se enteró que
Calleja y Flon venían en su busca. El Ejército libertador se movilizó;
cruzó Ixtlahuaca y penetró en Toluca el 28 de octubre de 1810. Por esos
días Miguel Sánchez, Julián Villagrán y su hijo Francisco "Chito", con
rápidas maniobras -mezcla de tácticas guerrilleras y vaqueras- pusieron
en alarma a Huichapan, San Juan del Río y Querétaro, acciones que
rompieron los planes de ataque de Calleja, retornando violentamente a la
capital queretana, imposibilitando su auxilio a Torcuato Trujillo en
Toluca y defender la capital de las huestes revolucionarias”. (3)
Ese
día, el 27 de octubre que Hidalgo estaba en San Felipe el Grande, en su
casa de Dolores se estaba dando la destrucción, pues Calleja, que vivía
en lo que hoy es Villa de Reyes, SLP., junto al conde de Jaral de
Berrio entraban a Dolores y en plan de venganza destruían la casa del
cura del Pueblo de los Dolores, afortunadamente el había previsto esta
situación y había dado instrucciones y dinero a sus hijas para que mejor
salieran de ese lugar, eso sucedió luego de la toma de Granaditas.
Pero, si esto sucedía en el Pueblo de los Dolores, ¿Qué pasaba en la
ciudad de México?
“El
18 de octubre el arzobispo Lizana hubo de lanzar nueva pastoral
refutando los principios proclamados por los jefes del movimiento
iniciado en Dolores; algunos días después el Obispo de Puebla, Campillo,
convocaba al Cabildo Eclesiástico, a todos los curas y a los clérigos
en general, a una junta solemne en el coro de la Catedral,
en la cual les hizo ver el influjo que el clero podía ejercer para
evitar el fomento de la revolución en su diócesis y averiguar qué
personas trataban de secundarla.
El día 20 el ayuntamiento metropolitano dirigió una proclama a los habitantes de Nueva España, invitando a la unión, protestando su lealtad y jurando estar sus miembros "prontos a sacrificarse" en el sostenimiento de la justa causa y los respetables derechos de Su Majestad y de la Patria; el ayuntamiento y los caciques de Tlaxcala expidieron a su vez, en la misma fecha, otra proclama dirigida especialmente a los indios condenando a Hidalgo y previniéndoles contra la seducción que pudiera ejercer sobre ellos.